Las acciones chinas cayeron más de 2% ayer, su mayor pérdida en un mes, luego de que nuevas señales de una desaceleración económica se sumaran a las preocupaciones sobre los cambios al régimen de aperturas a bolsa en el país y el fin del plazo que impusieron las autoridades para que los accionistas mayoritarios vendieran su propiedad, una de las medidas que tomó el gobierno para contener la debacle bursátil de julio.
El índice CSI 300 bajó 2,9%, a 3.727,63 puntos, mientras que el índice Shanghai Composite perdió 2,6%, a 3.533,78 puntos. Esta fue la mayor caída en términos porcentuales desde el 27 de noviembre.
Los inversionistas están preocupados por el impacto de los cambios al sistema de ofertas públicas iniciales, que pasará de ser un sistema basado en la aprobación del regulador, hacia un registro al estilo estadounidense, lo que podría impulsar la oferta de acciones y diluir de esta manera la demanda por papeles. El máximo órgano legislativo de China, la Asamblea Nacional Popular, aprobó el domingo la propuesta, que se hará efectiva a partir del 1 de marzo, informó la prensa oficial ayer.
Tras esta reforma, las ofertas públicas de acciones ya no dependerán de la Comisión Reguladora del Mercado de Valores (CRMV), sino de las direcciones de las bolsas de Shanghái y Shenzhen, que serán las responsables de aceptarlas o no, y de establecer los rangos de precio de salida de las acciones, agilizando los procesos de apertura.
El domingo se conoció además que las ganancias de las empresas industriales bajaron por sexto mes consecutivo en noviembre, generando nuevos temores sobre una desaceleración mayor a la esperada.
Fin de restricción
Pero los analistas apuntan además al hecho de que el 8 de enero termina el plazo que impusieron las autoridades para que los accionistas con participaciones mayores a 5% no pudieran vender. Esto sumando a la reforma a las aperturas a bolsa podría provocar una caída de la demanda por las acciones existentes.
La decisión de imponer una restricción a la venta de acciones se tomó el 8 de julio, luego de que el índice Shanghai Composite cerrara con una caída de 5,9%, tras haber descendido hasta 8% en la apertura, y tras varios días de ventas masivas.
La prohibición de vender se aplicó también a los altos ejecutivos y directores de empresas, sin importar el tamaño de sus participaciones. Eso se complementó con la suspensión de operaciones de miles de empresas.
Entre el máximo del 12 de junio (cuando llegó a 5.166,35 puntos) y el mínimo del 8 de julio la bolsa de Shanghái perdió US$ 4 billones (millones de millones).
Pero esto no fue suficiente para contener el desplome. El índice rebotó 16% hasta el 27 de julio, pero ese fue un lunes negro: el índice Shanghai Composite se derrumbó 8,5%, su mayor caída desde febrero de 2007 y la segunda mayor de su historia. La bolsa siguió cayendo hasta fines de agosto, cuando se estabilizó.
La reforma al sistema de registro de aperturas a bolsa también se enmarca dentro de los esfuerzos del gobierno por apuntalar el mercado local. La nueva normativa entregará mayores competencias a los mercados de valores en detrimento del regulador, la CRMV, un organismo que se ha situado en el punto de mira del gobierno central por su papel en la crisis bursátil.
Las autoridades anticorrupción del país abrieron un expediente a Yao Gang, el vicepresidente de la CRMV encargado de la supervisión de las salidas a bolsa de nuevas empresas. Al igual que Yao, otros altos ejecutivos de esa institución han sido destituidos o están siendo investigados por las sospechas de corrupción por su actuación durante los días en los que las bolsas chinas se hundían, como también en los meses previos a la crisis, cuando las plazas subieron con fuerza.
Ejecutivos de grandes empresas también han sido detenidos acusados de movimientos maliciosos. Ayer se anunció una investigación al CEO de China Telecom.
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