Dar un puñetazo en la mesa acompañado de palabras fuertes siempre que se discute un asunto o dejar que un conflicto discurra como si nada pasase sin mover un dedo, son dos posturas nada beneficiosas para la empresa y para el equipo de personas que es víctima de alguna de estas actitudes. Esto porque un líder que falta el respeto y no guía a su equipo provoca parálisis y miedo; mientras que un jefe ninguneado lleva a anular su figura.
La autoridad no es algo que se adquiere sólo al asumir un cargo y en ese sentido, Pilar Jericó, consultora y escritora, destaca que el poder lo otorga la jerarquía, mientras que la autoridad se gana. Por eso hay que trabajar distintas habilidades como saber escuchar, hacer sentir importante al otro o ser capaz de transmitir las ideas. Por tanto, encontrar el equilibrio al frente de un equipo exige trabajo y tiempo. Así, el líder ganará la confianza del grupo y ejercerá la autoridad de manera equilibrada y positiva.
Por su parte, Alejandra López-Baisson, directora de recursos humanos de Unipapel, señala que el jefe ejerce la autoridad cuando toma decisiones, se responsabiliza de ellas y asume las consecuencias. Según la experta, el líder debe ejercer su autoridad, pero sin llegar a ser un tirano o un don nadie. Tiene que buscar un equilibrio en su gestión, un punto medio que debe conjugar su estilo de mando, lo que quiere la compañía y los empleados, y el propio carácter de la persona.
Para conseguirlo, Jericó recomienda escuchar a los colaboradores, ilusionarles, recompensar su desempeño y esfuerzo, y hacerles partícipes de la toma de decisiones. La clave está en la seguridad de uno mismo como líder, marcar los límites y motivar a las personas, dice.
En tanto, Jorge Aguirre, gerente de organización y personas de Everis Business Consulting, sostiene que se debe actuar con humildad y siendo consciente de que el éxito reside en la capacidad de los equipos, y no en las individualidades. En concreto, se debe encontrar un balance entre la orientación a resultados y a personas. "Los jefes autoritarios buscan resultados a corto plazo y no ven esa correlación.
En cambio, los líderes excelentes consiguen generar un círculo virtuoso entre compromiso y resultados, porque cuanta mayor sea la vinculación de los empleados, mejores serán los resultados", concluye.