Por Gerrit Wiesmann
Con Alemania subvencionando a una lista creciente de aproblemados países de la eurozona, y con las conversaciones para resolver la crisis aparentemente entrampadas, los líderes del país están comenzando a nombrar en público lo innombrable: ¿qué pasaría si la moneda única sucumbe?
Un quiebre del euro podría llevar “a una disminución considerable de la riqueza y de la red de seguridad social”, dijo el ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble. Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, advirtió que podría traer “costos y riesgos muy grandes... que nadie puede calcular realmente”.
Sigmar Gabriel, líder del opositor Partido Social Demócrata, le contó a FT: “Si el euro sucumbe... seguiría una enorme recesión económica, y una enorme desestabilización de Europa, con consecuencias inciertas” para Alemania y Europa.
“No quiero esa alternativa. La situación ya es difícil como está”.
Más discusiones abiertas sobre la distante, pero cada vez mayor posibilidad refleja un ánimo más oscuro en Alemania. Los políticos parecen estar reconociendo que las percepciones de una Europa unida ya no son suficientes para mantener a los votantes alineados. La supervivencia del euro está reduciéndose a un cálculo: su rescate será caro, pero más barato que botarlo.
La actual exposición de Berlín a Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia se sitúa en unos 704.000 millones de euros, calcula el instituto Ifo de Munich. Menos de la mitad de esta suma reside en “cortafuegos”: los fondos de rescates armados para prevenir el pánico del mercado sobre la deuda europea del sur.
Como resultado del fuerte flujo de depósitos bancarios de parte de estos países periféricos a sistemas bancarios más seguros como el de Alemania, al Bundesbank se le debe otros 349.000 millones de euros a través del sistema “Target 2” del Banco Central Europeo, que rectifica los desequilibrios de pago de la eurozona, otorgando préstamos a los bancos centrales nacionales en problemas.
El flujo de fondos soberanos hacia Alemania y los menores niveles de préstamos transfronterizos han visto que la exposición total del banco central germano a sus pares de la eurozona saltara a 699.000 millones de euros.
“Una separación completa de la eurozona sería muy costosa para Alemania”, sostuvo Carsten Brzeski, economista de ING en Bruselas, una de las pocas instituciones que intentaron cuantificar lo que un rompimiento de la área del euro le costaría realmente a sus 17 estados miembros.
Aparte de las pérdidas derivadas de la lucha contra la crisis, Alemania sería golpeada duramente por consecuencias de largo plazo, afirmó. Como es la economía más fuerte de Europa, su divisa se apreciaría, dañando el comercio, altamente dependiente de la eurozona, mientras que el valor de los préstamos o inversiones en el exterior caería.
“El impacto comercial negativo de un nuevo marco alemán y las pérdidas financieras de los hogares, empresas y del gobierno en activos extranjeros, podrían producir una pérdida de la producción de más de 10% en tres años”, alertó Brzeski.
La exposición de bancos alemanes a entidades financieras, empresas y el sector público en otros países de la eurozona totalizó 804.000 millones de euros a fines de marzo, aclaró el Bundesbank. El gobierno germano podría ser obligado a rescatar bancos o compañías que sufran pérdidas como resultado de la separación de la eurozona, poniendo a las finanzas públicas bajo una renovada presión. Un ratio deuda-PIB creciente sería incluso peor a medida que la contracción económica y los efectos deflacionarios dejan su marca.
De acuerdo al banco suizo UBS, los defaults corporativos y las recapitalizaciones forzadas de bancos, más el colapso del comercio, el crecimiento económico y los mercados laborales, podrían en conjunto costarle a Alemania 650.000 millones de euros sólo el primer año, una suma equivalente a entre 20% y 25% del PIB.
“Cualquier retroceso de la integración podría significar riesgos incalculables para la estabilidad política y económica”, dijo el presidente de la asociación industrial de Alemania, BDI, Hans-Peter Keitel.
El Ministerio de Finanzas y oficiales del Bundesbank aseguran que ellos no han llevado a cabo cálculos similares, ya que entran en juego demasiados factores que son desconocidos. Incluso así, la canciller alemana, Angela Merkel, ha dicho por mucho tiempo que Alemania tiene más que perder que ganar de una separación de la eurozona. “Si el euro cae, Europa también caerá”, advirtió la líder después del primer rescate griego en 2010.