Por Brooke Masters
Se han creado grupos internacionales de manejo de crisis para 24 de los 29 principales bancos mundiales, pero hay que hacer aún más para que los reguladores confíen en que puedan soportar una crisis, según el informe de un grupo global de reguladores.
“Aunque se ha logrado mucho, lo que aún falta es igual de importante”, dijo Mark Carney, presidente de la Junta de Estabilidad Financiera (FSB) y gobernador del Banco de Canadá, señaló en una reciente carta al G20, además de destacar el trabajo pendiente respecto a los derivados de venta libre y la resolución de crisis.
Carney también advirtió a los países de actuar en soledad en importantes temas regulatorios. “Un retorno a un sistema financiero global segmentado nacionalmente reduciría tanto la capacidad financiera como la resiliencia sistémica, con graves consecuencias para el empleo y crecimiento en nuestras economías. Debemos trabajar para evitarlo”.
Compuesta de reguladores y bancos centrales de todo el mundo, la FSB debe implementar las reformas acordadas por el G20.
Como la reforma bancaria Basilea III está casi completa, el FSB se centra en las entidades no bancarias que también otorgan crédito y en hacer a las “instituciones financieras sistémicamente importantes” (G-Sifis) más seguras y fáciles de cerrar. También ha empezado a supervisar la implementación de las reformas, para asegurar que los países cumplan sus promesas.
Los reguladores de seguros han comenzado a trabajar en un régimen que supervise los G-Sifis en el sector de seguros, y la FSB espera presentar una directriz este verano (boreal) para regular el siguiente nivel de bancos, aquellos sistémicamente importantes en su propios países.
En una señal concreta de avance, la FSB señaló que bancos de EEUU, Europa y Japón en promedio han aumentado el ratio de su valor común frente a los activos totales -la medida de seguridad bancaria más difícil de lograr- en 25% desde la crisis.
La FSB también publicó un estudio sobre el probable impacto de las reformas de Basilea III en países en desarrollo, que recoge advertencias de la comunidad bancaria de que podrían dañar mercados emergentes.
La FSB encuestó reguladores nacionales en 35 mercados emergentes y determinó que aunque apoyan la idea de aumentar los requerimientos de capital y liquidez, temen que algunas partes de las normas dañen sus economías.
Las autoridades de los mercados emergentes están especialmente preocupados por el amplio uso de calificaciones de crédito para determinar posibilidades de riesgo, ya que podrían causar mayores cargos de riesgos en entidades de países con bajos ratings soberanos.
También temen que regulaciones más estrictas para bancos G-Sifi y la crisis de la eurozona lleve a algunos bancos globales a retirarse de mercados periféricos en el mundo en desarrollo, lo que aumentará el costo del crédito.