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Puritanos en Egipto se benefician del descontento contra las élites “corruptas”

Ahmad Rajab es joven, sin barba, viste jeans y no es particularmente religioso...

Por: Equipo DF

Publicado: Lunes 12 de diciembre de 2011 a las 05:00 hrs.

Por Borzou Daragahi



Ahmad Rajab es joven, sin barba, viste jeans y no es particularmente religioso, a diferencia de los muchos hombres con frondosas barbas y ropa de trabajo árabes tradicionales, comprando y viviendo en el laberíntico mercado del distrito de Imbaba en El Cairo. Sin embargo, Ahmad votará por el partido ultra conservador Nour, que representa una veta rígida y puritana del Islam que alarma a los egipcios liberales, cristianos e incluso a los islamistas más moderados como la Hermandad Musulmana.

“Nour va a limpiar al país, deshacerse de toda la corrupción y traerá todo el dinero que se ha ido, que se llevó la gente rica, mientras nosotros no tenemos nada”, dice Ahmad. “La Hermandad Musulmana está bien, pero son muy viejos y han intentado por años (llegar al poder) y no han hecho nada por nosotros”.

Sobre una vaga plataforma para resolver problemas volviendo a las vías del siglo 7 del profeta Mahoma y elevando el estatus de los pobres, el partido Nour recibió cerca del 25% de la votación y consiguió un quinto de los asientos en la primera vuelta de elecciones parlamentarias a fines del mes pasado.

El salafismo, ideología en la que se basa Nour, ha existido por décadas en el panorama cultural de Egipto: recomienda que el estilo de vida se ajuste a las formas de vida conservadoras de la gente rural. Pero los analistas dicen que el mensaje implícito del partido de una redistribución de clases contra los abusos de la elite de Egipto fue lo que impulsó la popularidad del Nour.

Cerca del 40% de los egipcios viven bajo los niveles de pobreza establecidos por la ONU. El apoyo de Nour es el más alto en zonas rurales empobrecidas que carecen de servicios básicos, y en barrios urbanos pobres ignorados por el régimen anterior de Hosni Mubarak y los partidos políticos.

“Muchos pro-islamistas han optado por el voto anti-élite”, comenta Hossam Bahgat, director ejecutivo de un grupo de derechos humanos. “Puede que haya una dimensión de clases, pero creo que hay más de un discurso anti-intelectual, anti-elite, de mucha gente que piensa que no les han prestado suficiente atención durante los últimos diez años, y que muy pocas personas se molestaron en preguntar qué querían”.

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