Fernando Barros

Las víctimas de la revolución

Por: Fernando Barros | Publicado: Martes 8 de septiembre de 2015 a las 04:00 hrs.
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Ayer recordamos el ataque del frente terrorista Manuel Rodríguez que causó la muerte de cinco jóvenes y graves heridas a 11, todos integrantes de las Fuerzas Armadas y de Orden. Días antes, volvió a ser noticia el caso de dos jóvenes quemados con el combustible de artefactos incendiarios que ellos portaban camino a disturbios, horrible incidente en que uno falleció y otro sufrió terribles quemaduras. Podemos sumar dirigentes sociales asesinados, carabineros muertos por una bomba terrorista, intendente acribillado, etc. Esta semana, 42 años nos separarán del 11 de septiembre de 1973.


A pesar de que el socialismo fue derrotado en Chile primero, y el resto del mundo después con la caída de la Cortina De Hierro, la abundante creación literaria presenta a nuestra izquierda como víctima de una agresión motivada por la persecución política. Ello es falso, por lo que valen algunas precisiones.


El Partido Comunista chileno, de los más duros seguidores del leninismo y el único que en 1968 apoyó el aplastamiento del intento del pueblo checoslovaco de introducir espacios de democracia y libertad en la denominada Primavera de Praga, actuó en Chile, junto a la izquierda marxista, sujetándose al libreto totalitario y luchando por la ruptura del régimen democrático chileno y la llamada dictadura del proletariado.


Nuestro territorio era un pequeño campo de batalla de la Guerra Fría, inserto en un continente asolado por la guerrilla cubana y los movimientos extremistas, tales como la Vanguardia Organizada del Pueblo, que asesinó al ex vice Presidente y dirigente DC Edmundo Pérez Z., el MIR, los cordones industriales, las organizaciones ilegales que lideraban las tomas de empresas, campos y otras "expropiaciones populares".


Los pueblos se organizaron para enfrentar la agresión y los gobiernos de distintos signos entrenaron a nuestras fuerzas militares en la lucha antiguerrillera y el combate de la insurrección. La Escuela de las Américas y otras iniciativas prepararon a nuestra defensa nacional en las técnicas de combate e interrogatorios, conforme a la lógica de guerra a la que nos llevó la revolución.


Nuestra democracia era imperfecta y el desarrollo llegaba lento, pero vivíamos en libertad y comprometidos todos en la búsqueda de un Chile mejor, en paz y respetándonos, por lo que nada justificaba la exacerbación del odio, las acciones guerrilleras, las muertes y demás acciones revolucionarias que destruyeron la convivencia nacional hasta el caos en que estábamos sumidos en 1973.


La respuesta provino de la mayoría de los chilenos, de la Cámara de Diputados y de la Corte Suprema, que llamaron a las Fuerzas Armadas y de Orden a terminar la lucha que destruía Chile.


Como sociedad fuimos capaces de construir un país nuevo y una institucionalidad verdaderamente democrática y libertaria, lograr un desarrollo humano y económico como nunca antes se había logrado y garantizar el respeto a la persona humana y sus derechos. Ello ha sido posible gracias al esfuerzo de todos y con sacrificios. Tanto el de aquellos que fueron arrastrados por la revolución, los que creyeron ser agredidos en circunstancias que eran agresores, como los que para defender atacaban, los que se dejaron atrapar por la lógica del odio y la revancha y todos los que olvidaron que cuando invocaban el bien del pueblo o el interés de la nación, incurrían en las mismas aberraciones que sus enemigos y pasaron a ser víctimas de la guerra.


Los Teillier, los Contreras, los Corbalán, los Henríquez y muchos otros "combatientes" se equivocan, por igual, al creer que la sangre que derramaron y el dolor que causaron eran los efectos colaterales de una suerte de guerra santa en la que, por supuesto, los infieles eran los adversarios. Unos fueron condenados y encarcelados, los otros, desde el poder alcanzado, se ufanan de sus crímenes, impunes gracias a quienes callan mirando para el otro lado y aplicando beneficios que les niegan a otros, rinden homenajes en museos nacionales a las organizaciones guerrilleras y tergiversan la historia.


Se podrá cuestionar las bombas atómicas sobre Japón y otras acciones de guerra como desproporcionadas, pero al igual que en el caso de nuestro país se trató de la respuesta ante agresiones arteras. Así como los franceses prefirieron quedarse con los valores de la igualdad, libertad y fraternidad y no enrostrarse la guillotina, debemos dejar de perseguir aparentes culpables, que también resultan ser víctimas, y como sociedad perdonar a todos los partícipes de más de cinco décadas de conflicto.


Por respeto a nuestra historia y a los caídos de todos los lados, asumamos nuestra verdadera historia, nuestras responsabilidades y avancemos hacia el futuro.

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