Por Simon Rabinovitch en Beijing
Liu Zhijun era investigado y perdió su cargo en febrero, en un caso que destapó la corrupción generalizada en el afán chino por construir la mayor red de trenes de alta velocidad del mundo.
El mal manejo de estos ambiciosos planes terminó en una tragedia en julio del año pasado, cuando dos trenes chocaron cerca de Shanghai y murieron 40 personas.
La investigación partidaria interna, que demoró 15 meses, determinó que Liu coordinó inversiones con la empresaria Ding Yuxin a cambio de "grandes sobornos". También concluyó que Liu era un degenerado moral y lo halló responsable de "grave corrupción en el sistema de trenes".
En medio de una transición hacia la asunción de un nuevo gobierno a fin de año, el gobierno quiere poner fin a importantes procesos disciplinarios para facilitar la transferencia de poder, que se realiza cada diez años. El mayor caso sin resolver es de Bo Xilai, ex líder partidario destituido el mes pasado que aún está bajo investigación.
El anuncio de ayer fue el primero en que el gobierno detalló las acusaciones contra Liu, acusado anteriormente de infracciones disciplinarias no especificadas.
Los medios chinos informaron que la empresaria Ding obtuvo ilegalmente cerca de US$ 158 millones en comisiones actuando como intermediaria entre el Ministerio de Ferrocarriles y contratistas para la construcción de vías y estaciones. Está acusada de repartir las ganancias con Liu, además de abastecerlo de jóvenes mujeres.
Liu ahora enfrentará un proceso criminal. Como el Partido Comunista domina los tribunales, se espera que los jueces concluyan lo mismo que la investigación partidaria interna.
En un reporte de diciembre, el gobierno informó que la red de alta velocidad estaba mal manejada y existía laxitud en los estándares de seguridad.
Liu quería que los trenes bala de China fueron los más rápidos del mundo, pero los ingenieros señalaron tras su expulsión que esto se logró haciéndolos correr a velocidades mayores que para las cuales fueron diseñados.
El escándalo de corrupción, junto al fatal accidente y otra serie de problemas, llevó a que Beijing en 2011 ralentizara el ritmo de inversión en nuevos proyectos ferroviarios.
Los planes han recobrado impulso este año, ya que el gobierno considera la inversión férrea como forma de impedir la desaceleración económica.