La opinión pública ha recibido una fuerte acción mediática alertando que se cierne sobre los cielos de Antofagasta un luminoso peligro, que pondría en riesgo el patrimonio astronómico de Chile y su desarrollo.
A ello se suman voces que demandan impedir la consumación del desastre y que se paralice el proyecto integrado de infraestructura energética INNA, de AES Gener, que contempla generación de energía solar y eólica, una planta desaladora, producción de hidrógeno verde y su reconversión a amoníaco verde, en una superficie de 3.000 hectáreas en la comuna de Taltal, y un terminal marítimo para su transporte, todo con una inversión estimada de US$ 10.000 millones.
“En momentos en que hay consenso sobre la necesidad de inversión y desarrollo, para lo que Chile requiere generar confianza, con un actuar serio y respetando el estado de Derecho, nuestras autoridades e instancias técnicas deben ser cuidadosas de ceder ante presiones indebidas”.
Desde los años ‘60 el Estado de Chile ha entregado, en propiedad o concesión, al Observatorio Austral Europeo (ESO), cerca de 130.000 hectáreas de terreno en la Región de Antofagasta, principalmente para los observatorios del Complejo Paranal-Armazones.
Para su operación se han dictado normas especiales, tales como declaración de lugar de interés científico, que limitan la minería en una amplia zona y, además, un conjunto de regulaciones y criterios normativos que limitan la emisión de luminosidad artificial que pudiere afectar la actividad de los observatorios y, a la vez, fijan las reglas al respecto para el desarrollo económico en las distintas unidades territoriales
Por otra parte, el Estado de Chile busca incentivar el desarrollo de las energías renovables y la inversión nacional y extranjera en ellas, identificando la Provincia y Región de Antofagasta, como polo de desarrollo de energías no convencionales.
Según la normativa vigente de uso de suelo y la política nacional en materia de desarrollo energético, el territorio de INNA, distante a 20 kilómetros de Paranal, califica para esa iniciativa.
Asimismo, el informe técnico presentado al Servicio de Evaluación Ambientas (SEA) concluye que los porcentajes de radiancia artificial asociados a las instalaciones de INNA, conforme a las regulaciones y criterios aprobados por el Estado de Chile, y no cuestionados por ESO, cumplirían en exceso con los estándares de protección otorgados a la actividad astronómica.
Después de la decisión del Servicio de Evaluación Ambiental de aprobar la continuación del proceso de calificación de la iniciativa, han arreciado ataques de parte de entidades ecologistas y de personas y entidades vinculadas a la astronomía, cuya línea argumental apunta a que, en una zona de Chile, cuya extensión no se precisa, no puede permitirse actividades que la comunidad científica considere que pudieren afectar negativamente su trabajo, a pesar de cumplir las regulaciones locales.
La aparente falta de respaldo legal y científico se evidencia cuando las influencias logran que un grupo de senadores adopte un rápido e irreflexivo acuerdo requiriendo que se cambien las normas vigentes y se aborte el proyecto y, nuestra Cancillería hace llegar una críptica carta de intervención ante las autoridades ambientales.
En momentos que hay consenso en la necesidad de inversión y desarrollo, para lo que Chile requiere generar confianza, con un actuar serio y respetando el estado de Derecho, nuestras autoridades e instancias técnicas deben ser cuidadosas de ceder ante presiones indebidas que exijan resolver sus requerimientos fuera de la institucionalidad correspondiente y que se le afecte a otros su derecho de propiedad y a poder desarrollar actividades económicas permitidas, excluyendo de todo desarrollo zonas que solo ellos definen en base a imprecisos y personales criterios.