×
Columnistas

Realismo, pero sin renuncia

Hernán Cheyre V. Centro de Investigación Empresa y Sociedad (CIES), U. del Desarrollo

Por: Hernán Cheyre V. | Publicado: Viernes 8 de noviembre de 2019 a las 04:00 hrs.
  • T+
  • T-

Hernán Cheyre V.

El acuerdo tributario que negocia entre el gobierno y la oposición da cuenta de una realidad muy distinta a la de tres semanas atrás. El proyecto que se discutió por más de un año tenía como eje central un mejoramiento del sistema vigente, incorporando elementos modernizadores en la lógica de estructurar un sistema más eficiente, y que penalizara menos la inversión y a los emprendedores. El “corazón de la reforma” era la vuelta a una plena integración entre la tributación de empresas y personas, para evitar la sobretasa de 9,45% que afecta a quienes perciben rentas por concepto de dividendos o retiros de utilidades, recuperando así la equidad horizontal que se había perdido. El nuevo acuerdo considera la reintegración sólo para las pymes, y su eje central es lograr un aumento en la recaudación tributaria, incluyendo nuevos gravámenes a los sectores de más altos ingresos.

Imagen foto_00000001

Pero, así como hay que ser realistas sobre la necesidad de nuevos recursos fiscales para ayudar a financiar las nuevas demandas, no se debe dejar de lado que la clave para lograr mejores condiciones de vida de la población -y, especialmente de las clases medias y bajas- radica en el crecimiento económico: mejores empleos, mayores remuneraciones y más recursos para programas sociales. Dicho esto, sería ceguera no darse cuenta de que el nuevo clima político y social imperante va a resentir el crecimiento tendencial de la economía, pudiendo anticiparse para los próximos años una ralentización de la inversión, y por ende, en la capacidad de generar empleos.

Por tanto, un esquema tributario realista ciertamente debe buscar que los sectores de más altos ingresos contribuyan más al financiamiento de las necesidades sociales de corto plazo que están siendo demandadas, pero en el diseño técnico de las medidas se debe poner sumo cuidado en sus efectos sobre el ahorro y la inversión. El impuesto al patrimonio de los “super ricos” que se ha intentado aplicar en otros países ha tenido efectos muy contraproducentes, y la idea de aplicarlo en Chile gravando con una sobretasa a las viviendas de alto valor podría terminar siendo regresiva. Esto, no sólo porque -según la información disponible- se estaría incluyendo a grupos profesionales y de clase media, sino también porque la proporción del patrimonio que los verdaderamente “super ricos” tienen invertida en viviendas es inferior a la que se observa en los grupos de ingresos algo más bajos, que también estarían incluidos en la fórmula propuesta.

Una política tributaria realista debe también incorporar y potenciar mecanismos de estímulo que contribuyan a revertir la tendencia negativa que se avecina. El mecanismo de depreciación instantánea amerita una discusión más profunda sobre la conveniencia de hacerlo más permanente, y tampoco se debería descartar sin más análisis la opción de rebajar la tasa de impuesto corporativa, como fue propuesto por los propios senadores de oposición que buscaban una alternativa a la reintegración, reconociendo que Chile ha perdido competitividad por este concepto. Es cierto que esto afecta la recaudación tributaria, pero hay un amplio espacio para buscar mecanismos de compensación revisando y adecuando regímenes de excepción como la renta presunta, así como el tratamiento preferencial que se da al consumo del diesel respecto de las gasolinas, en circunstancias de que el primero es mucho más contaminante.

Opciones hay, hace falta la voluntad política de avanzar en la dirección requerida. La actuales circunstancias obligan a actuar con realismo, sí, pero no se debe renunciar a lo fundamental, que es colocar el crecimiento económico como base de un mayor bienestar.

Lo más leído