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Crecimiento, sostenibilidad y liderazgo

Por: Ralf Boscheck Decano Escuela de Negocios UAI | Publicado: Jueves 11 de julio de 2019 a las 04:00 hrs.
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Ralf Boscheck Decano Escuela de Negocios UAI

A cinco meses de la cumbre COP 25, las noticias económicas mantienen al país centrado en prioridades inmediatas y supuestamente más urgentes: inversiones, consumo y crecimiento. Sobre éste último, el Presidente Piñera usa calificativos como “sostenible” e “inclusivo” para señalar una visión más amplia, que combina objetivos de largo y corto plazo.

¿Pero cuáles son los principios de tal estrategia dual? ¿Con qué normas guiará la transformación ecológica de la economía y conciliará demandas conflictivas en tiempos de desaceleración, acuerdos inciertos y fatiga climática? Su reciente defensa del plan de descarbonización, por lo menos, podría hacernos cuestionar las credenciales ambientales del Mandatario. Así, la COP 25 puede ofrecerle una oportunidad para liderar y redirigir un debate estancado.

El daño ambiental tiene poca respuesta efectiva: las iniciativas tras Kioto se han roto o han sido reemplazadas por objetivos más arduos. Desde la creación del Consejo Ártico en 1996, EEUU, Canadá y Rusia no han podido acordar una sola medida significativa. La FAO estima una duplicación de la demanda de carne para 2050. En este momento, la ganadería mundial genera 20% más de emisiones de gases efecto invernadero equivalente que el transporte. Si bien la actividad del hombre afecta el ecosistema y su capacidad para proporcionar la existencia, la humanidad parece incapaz de dominar su tarea elegida de gestionar la naturaleza. ¿Por qué?

Primero, las discusiones sobre sostenibilidad están cargadas de imprecisiones, estancadas por súplicas emocionales o elevadas a una abstracción estéril. Así, los debates son perennes y se pierde la atención. Segundo, las causas del uso o abuso de los recursos son mal entendidas. Desde Malthus, los analistas se han enfocado en la duplicación de la población humana para cuestionar la capacidad de carga de la naturaleza. En la primera mitad de este siglo, sin embargo, el crecimiento económico superará el aumento de la población seis veces. Como resultado, en agosto de cada año, hemos agotado nuestro suministro anual de recursos renovables y comenzamos a reducir los no renovables, robándolos a las generaciones futuras. Sin duda, el crecimiento debe ser técnicamente desacoplado de la base de recursos o limitado. Pero, proponer este límite parece destruir los cimientos de nuestro sistema económico y político. Por lo tanto, y tercero, el daño ambiental se ve como el precio para crecer y mejorar el estándar de vida global.

Hay alternativas concebibles.

Desde J.S.Mill, varios economistas clásicos, desafiando el imperativo de crecer, propusieron una economía estacionaria. Años después, Nomura Securities proyectó una economía global que opera dentro los límites de recursos reales. Para el mundo próspero, esto significaría eliminar el consumismo derrochador y desatar la hipercompetencia en el suministro para impulsar la eficiencia del uso de los recursos, la calidad —no la cantidad— de producción, y la redefinición y el intercambio de trabajo. El no-crecimiento para el mundo en desarrollo hoy no es una opción. Y así, el mundo próspero debe acomodar la recuperación del resto con el menor impacto posible en el medio ambiente y plantear la economía estacionaria como el nuevo modelo a emular.

A raíz de la COP 25, sustituir el crecimiento de la productividad por el crecimiento de la producción ofrece un mejor punto de partida para discutir el progreso y el papel del hombre en la naturaleza.

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