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José Manuel Silva

Después de las AFP, ¿qué?

José Manuel Silva Director de inversiones de LarrainVial Asset Management

Por: José Manuel Silva | Publicado: Viernes 24 de mayo de 2019 a las 04:00 hrs.
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José Manuel Silva

Hace unos 15 años, un primero de mayo, me llamó la atención que durante la manifestación clásica del Día de los Trabajadores organizada por la CUT se ponía especial énfasis en el eslogan "No + AFP". Dicha frase no había percolado a la sociedad y era sólo vociferada por la dirigencia del Partido Comunista. Lamentablemente, el no + afp se ha ido colando en nuestra población fruto de la ignorancia, la demagogia, la falta de coraje de nuestra clase política y la perseverancia de una izquierda dura chavista que desea pegarle un manotazo al botín.

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La gran pregunta que debe hacerse nuestra sociedad es, justamente, "¿después de las AFP, qué?"

El sistema de capitalización vino a remplazar un sistema llamado de reparto que para muchos actores estaba ya quebrado en los años sesenta. El mejor reflejo de lo que habría devenido nuestro antiguo modelo lo encontramos allende Los Andes, en Brasil. Ese país enfrenta hoy uno de los desafíos económicos más grandes de su historia, al tratar de reformar un monstruo que le chupa las energías y le impide crecer. "Robin Hood al revés", como lo describió el Financial Times de Londres.

El sistema de reparto brasileño tendrá un déficit de 74 mil millones de dólares durante 2019. Los cuatro regímenes previsionales son deficitarios: el de funcionarios públicos genera un déficit de 14 mil millones y beneficia a 800 mil personas; el de trabajadores urbanos privados es deficitario en 23 mil millones, pero beneficia a 21 millones; el mayor déficit es el de trabajadores rurales privados (31 mil millones), y beneficia a 9,5 millones. Esta es la realidad que también tenía el antiguo sistema chileno, la de un déficit crónico y, sobre todo, un sistema cooptado por los funcionarios públicos (¿cuántas Myriam Olate?).

El deficitario sistema brasileño es también altamente injusto. La pensión media de las jubilaciones del régimen privado (31 millones de jubilados) es de 1.371 reales (240 mil pesos). La del Poder Ejecutivo 8.800 reales ($1,5 millones), la del Judicial 19.000 reales y la del Legislativo —vaya sorpresa— llega a 29.195 reales ($5,1 millones).

Suponiendo que equilibramos el déficit de los funcionarios públicos y nos quedamos con el del sector privado, tenemos un sistema que sólo paga pensiones de 240 mil pesos en promedio, pero genera un déficit anual de 55 mil millones de dólares. Este déficit sólo subirá en los próximos años, dado que la cantidad de trabajadores activos (los que pagan) por cada jubilado (los que reciben), pasará de siete hoy, a 2,35 en 2060.

Por lo tanto, vemos que un sistema de reparto no paga mucho mayores pensiones que el nuestro de capitalización y seguramente, si se compara bien, para personas con igual cantidad de años cotizados, nuestro sistema paga mejores pensiones con un muchísimo menor costo para la sociedad. A ello deben sumarse los grandes beneficios que ha significado para la economía chilena contar con inversionistas institucionales en moneda local. Sin el ahorro de las AFP (en un sistema de reparto no existiría y, al contrario, consume parte del resto del ahorro nacional), la clase media chilena no tendría acceso al mercado hipotecario, el Estado no podría financiar su déficit a bajo costo, las empresas no podrían levantar capital en moneda local (ver la situación Argentina sin acceso al crédito global) y no existiría el sistema de concesiones.

Quienes no quieren el sistema de capitalización deben mostrar alternativas viables y la sociedad obligarlos a transparentar sus intenciones. Y en el intertanto, nuestros políticos harían bien en pasearse por Brasilia.

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