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Enrique Manzur

Proceso de Admisión 2019: entre el mérito y la inequidad

Enrique Manzur Mobarec Ph.D Vicedecano Facultad de Economía y Negocios Universidad de Chile

Por: Enrique Manzur | Publicado: Miércoles 2 de enero de 2019 a las 04:00 hrs.
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El día después de Navidad, 265.000 jóvenes tuvieron acceso a sus puntajes en la Prueba de Selección Universitaria (PSU) e iniciaron, con algunos contratiempos, el proceso de postulación a la Educación Superior.

La PSU es una prueba estandarizada que busca ordenar a los postulantes según su desempeño, de manera que el puntaje represente el percentil en que se ubica cada uno en comparación al resto. Para ello, se normalizan los resultados estableciendo la media en 500 puntos y una desviación estándar de 100. Así, por ejemplo, si un alumno obtiene 700 puntos (la media, más dos desviaciones estándar), equivale aproximadamente a estar en el percentil 98, reflejando que sólo un 2% de quienes rindieron la prueba tiene un puntaje igual o superior a él y el resto está por debajo.

Por lo anterior, no debiera ser nunca una sorpresa que alrededor de la mitad de los postulantes obtenga menos de 500 puntos, es así por diseño; lo que sí es importante es cómo se distribuyen los puntajes entre distintos segmentos de la población.

La PSU se implementó en 2003 en reemplazo de la Prueba de Aptitud Académica (PAA), que a su vez había reemplazado al Bachillerato en 1966, con la promesa de que reduciría las brechas socioeconómicas que se observaban con la PAA. Sin embargo, el resultado ha estado lejos de ser el esperado. Los puntajes de los alumnos que provienen de colegios particulares siguen siendo en promedio más de 100 puntos superiores a los de colegios municipales; de hecho, este año la diferencia fue de 120 en Lenguaje y 135 en Matemáticas en favor de los particulares pagados. En la misma línea, en la lista de los 100 mejores colegios sólo hay cuatro municipales y tres subvencionados, el resto son todos particulares pagados, lo mismo ocurre cuando el análisis se realiza a nivel de comuna. Por último y más dramático, es constatar que un alumno perteneciente al quintil de más altos ingresos tiene 20 veces mayor probabilidad de obtener 700 puntos que un joven proveniente del quintil de menores ingresos.

Pareciera que, 30 años después, aún resuena el reclamo de Los Prisioneros contra las inequidades del sistema educacional, que deja a unos con laureles y futuro, y a otros pateando piedras. Claramente es un imperativo país nivelar la cancha para que todos los jóvenes tengan, desde la más temprana infancia, acceso a una educación de calidad que les permita desarrollar sus capacidades y talentos, independiente de su condición socioeconómica.

Justamente por ello es que en su momento muchos planteamos dudas respecto a la política de gratuidad, dado que implicaba destinar importantes recursos públicos que podrían haberse usado para mejorar la educación en las etapas previas para los segmentos de menores recursos. Como muy bien me lo expresó el ex decano Joseph Ramos: “La gratuidad puede ser una buena idea, pero se me ocurren 10 mejores”. Por ello, sería interesante y necesario comparar el impacto social, por peso invertido, de uno y otro proyecto.

Por último, un aspecto muy positivo del actual proceso de admisión es que se han seguido incorporando universidades al Sistema Único de Admisión (SUA). Así, este año los egresados de enseñanza media han podido postular en un proceso unificado a 41 universidades públicas y privadas; conociendo previamente los cupos y ponderaciones por carrera, donde los resultados serán publicados simultáneamente el 14 de enero y con la certeza de que se respetará estrictamente el orden de selección en base al mérito reflejado en su puntaje ponderado.

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