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Columnistas

Decodificando a Trump

JUAN CARLOS EICHHOLZ Socio fundador de Adapsys y profesor UAI

Por: Equipo DF

Publicado: Miércoles 26 de febrero de 2025 a las 04:03 hrs.

A cinco semanas de haber asumido la presidencia de EEUU, casi no ha pasado un día en que Donald Trump haya dejado de marcar la agenda noticiosa, manteniendo en estado de perplejidad y con poca capacidad de reacción a buena parte de los tomadores de decisión de su país y del mundo. Bravuconadas territoriales; aranceles generales y especiales sobre países y productos que van y vienen; intervención masiva sobre el gobierno federal ; golpe al tablero geopolítico de Europa vía Ucrania; deportaciones masivas de inmigrantes ilegales; retiro de su país de la OMS, del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y próximamente de la OTAN… y la lista sigue.

La pregunta es inevitable: ¿qué mueve a Trump? Y resulta indispensable hacérsela, porque, más allá de la curiosidad, es la mejor manera de intentar predecir qué viene y qué potenciales beneficios y riesgos existen.

Quizás, la mejor manera de entender a Trump sea cambiar el “America first” por “Trump first”. Así, podríamos suponer que cuando él mira la bandera de EEUU, lo que ve es un conjunto de estrellas y líneas que sirven de fondo a su rostro.

Una posible aproximación es vincular su pensamiento a alguna ideología, pero lo cierto es que sus acciones no son coherentes ni con una cosmovisión conservadora ni una progresista, ni con una liberal ni una colectivista. Por lo mismo, no es correcto hacer un paralelo con Milei, quien sí es dogmático y se autodefine como libertario.

Otra aproximación sería irse por el pragmatismo, con lo cual diríamos que Trump no se amarra a ideas preconcebidas, sino que toma decisiones basadas en la realidad según resulte lo más efectivo para conseguir sus objetivos. Así, podríamos compararlo con Xi Jinping, un fiel discípulo de Deng y su famosa frase “No importa de qué color sea el gato, lo importante es que cace ratones”. Pero esto nos presenta un dilema: ¿cuáles son los objetivos? En el caso de Xi y sus antecesores no es difícil entenderlo: “Make China great again”, es decir, devolver a China al sitial de gran potencia que perdió al dejar pasar el tren de la revolución industrial.

Sin embargo, es difícil sostener que EEUU está en decadencia y, por lo mismo, la consigna de “make America great again” en Trump 1 ha sido reemplazada por “America first” en Trump 2. Y sí, este objetivo permite entender el actuar pragmático de Trump en política internacional, aunque es un actuar miope y cortoplacista, que no toma en cuenta que el bienestar de largo plazo de EEUU está intrínsecamente conectado al resto del mundo. Pero hay otro problema: ¿cómo ese “America first” nos ayuda a entender lo que Trump está haciendo dentro de EEUU cuando pasa por encima de la Constitución y las leyes? Quizás, la mejor manera de entenderlo sea cambiar el “America first” por “Trump first”. Así, podríamos suponer que cuando él mira la bandera de EEUU, lo que ve es un conjunto de estrellas y líneas que sirven de fondo a su rostro. O que cuando recuerda ese símbolo indeleble del tío Sam, lo que se imagina es al tío Donald. Tomando esta interpretación, Trump sería de la misma estirpe que Putin, como tantos otros hombres fuertes que han existido a lo largo de la historia.

Y como tantas veces ha ocurrido, ese poder que tienen resulta seductor para muchos, que aplauden a alguien que por fin es capaz de romper el statu quo y poner las cosas en su lugar. Desgraciadamente, se deja de prevenir a tiempo que estos personajes populistas y autoritarios terminan anteponiendo su propio ego por sobre el progreso de los países que dirigen.

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