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¿Por qué Chile no tiene startups convertidas en unicornios?

Eduardo Bitran Académico Facultad de Ingeniería y Ciencias UAI, Presidente Club de Innovación

Por: Eduardo Bitran | Publicado: Jueves 18 de julio de 2019 a las 04:00 hrs.
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Eduardo Bitran

A propósito de la información que indica que en Argentina se han creado seis unicornios -startups que alcanzan valoraciones de más de US$ mil millones antes de abrirse a la bolsa- y en Chile ninguno, se generaron múltiples reacciones en redes sociales: “En Chile pocos se creen el cuento y en Argentina les sobra cuento”; “simple verdad, los argentinos son exponencialmente mejores vendedores que los chilenos”; “dada la inestabilidad de Argentina, ellos tienen la necesidad de reinventarse, ser flexibles, tomar riesgos”; “tienen mayor mercado doméstico y pueden crecer internamente y luego salir con cierta escala, Chile no”; “Chile tiene solo recursos naturales, somos rentistas y conservadores”.

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Algo de verdad hay en estos comentarios. ¿Pero qué dice la literatura sobre unicornios? Diversos estudios enfocados en el desbalance en el número de unicornios europeos comparado con líderes mundiales como Estados Unidos y China concluyen que el desarrollo de unicornios no es el resultado directo de una política de promoción, pero existen elementos de entorno que ayudan: el clima favorable a la inversión privada; la existencia de programas de apoyo a startups; acceso a capital en las fases de crecimiento; elevada colaboración con instituciones de investigación y tecnológía; desarrollo de tecnología ligada a las telecomunicaciones y competencia y regulaciones que eviten prácticas excluyentes de empresas dominantes. La caracterización de los unicornios demuestra que la mayoría son liderados por emprendedores que han creado otras empresas antes, y también emprendedores que tienen una trayectoria académica y que lideran empresas con un fuerte componente en I&D.

En Chile existen las condiciones de entorno adecuadas para el desarrollo de empresas de rápido crecimiento. Sin embargo, no existen fondos de capital de riesgo grandes para financiamientos serie B (de US$ 7 millones hacia arriba); también escasean los emprendedores en serie y castigamos ferozmente el fracaso. Por otra parte, el I&D y la tecnología no son el punto fuerte de las empresas chilenas. Tampoco tenemos significativa movilidad de la academia a los negocios. El tamaño de mercado, especialmente para los emprendimientos orientados al consumidor final, es muy pequeño y obliga a salir rápidamente del país, y al parecer esto nos cuesta más que a los vecinos.

No obstante, la restricción del tamaño de mercado doméstico es salvable. Países pequeños como Suecia, Estonia e Israel son exitosos en el desarrollo de startups que escalan rápidamente, y que consideran el mercado doméstico sólo como espacio de prueba, saltando rápidamente, una vez validado el negocio, a mercados de gran tamaño, lo que aumenta la posibilidad de crear unicornios.

Sólo cabe seguir fortaleciendo el ecosistema y sus conexiones, aumentando el capital social y el capital de riesgo, ya que las empresas innovadoras de rápido crecimiento generan la mayor proporción del empleo y aporte a la productividad.

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