×
Editorial

Datos personales en la era de FaceApp

  • T+
  • T-

Imagen foto_00000001

l uso correcto de los datos personales de sus clientes por parte de las empresas, así como el nivel de protección de esos datos que los usuarios tienen derecho a reclamar, son una dimensión insoslayable de los desafíos que plantea la disrupción tecnológica. En varios sentidos, la cuarta revolución industrial se sostiene en la libre disponibilidad y circulación de crecientes volúmenes de información de todo tipo —incluyendo sobre las personas—, pero al mismo tiempo supone riesgos cuyas implicancias recién se empiezan a abordar.

Las formas y propósitos con que las personas comparten información en las plataformas digitales son en sí mismas parte del debate, pero el foco debe estar preferentemente en el uso que hacen de esos datos las organizaciones que los solicitan. Como ha quedado claro a nivel internacional, el uso cuestionable, o incluso delictivo, de información personal abarca una amplia gama de actividades, desde un escándalo con ribetes políticos como el de Cambridge Analytica o la controversia por la vigilancia basada en reconocimiento facial, a la actual polémica por la aplicación Face App. El rango de desafíos similares sólo puede crecer en el futuro a medida que se masifica la utilización de plataformas tecnológicas de diverso tipo.

Esta semana, dos columnas de este diario pusieron estos temas sobre la mesa y en ambas sus autores plantearon la importancia de que Chile ponga al día su normativa en materia de protección de datos personales, actualmente en el Congreso, pues fue creada a fines del siglo pasado, cuando no existían la mayoría de los desarrollos tecnológicos que hoy plantean desafíos tanto al regulador como a las empresas y otras organizaciones. La propiedad de los datos sigue residiendo en las personas, por lo que el uso de esa información debe obedecer ciertas reglas, cuyo incumplimiento debe conllevar sanciones.

Así como los impuestos digitales o los empleos de aplicaciones de transporte, las dinámicas de cambio cultural asociadas a la revolución tecnológica necesitan un debate que apenas comienza.

Lo más leído