Lo que viene en China es mucho mayor de lo que estamos imaginando. Tuve la oportunidad de estar justo allí cuando se anunció la fecha del próximo Congreso del PCCh (8 de noviembre), ver a sus líderes frente al monumento a sus héroes nacionales en el aniversario de la creación de la República Popular China (ritual lleno de simbolismos, donde se evidenció que los cauces para discutir las diferencias ya están resueltos), pude hablar con diplomáticos, académicos y empresarios de las redes sociales. Y todo ello deja la sensación de estar a las puertas de un nuevo tiempo en China.
Flota en el aire que los grandes resultados de los últimos 30 años, alcanzados especialmente por un modelo económico exportador y de un capitalismo bajo conducción estatal, deben llevar a una nueva etapa. Y los cambios se advierten ineludibles en tres grandes áreas:
- el cambio del actual modelo de desarrollo económico;
- una modernización democratizadora en la estructura política y en la relación del PCCh con la sociedad;
- una estrategia socio-cultural capaz de asumir el predominio de un país urbano sobre el país rural.
Los cambios en la sociedad china han sido enormes. Cambiaron las ciudades; surgió una poderosa clase media en creciente expansión; Internet -más allá de controles o censuras- trajo un diálogo social autónomo a la vez que generó cambios en los medios y en las estrategias de relación del PCCh con la sociedad; sus ciudadanos saben que ahora China es un actor central del reordenamiento global.
Pero porque China cambió, las demandas son nuevas y los desafíos distintos a los de hace 20 ó 30 años. La gente se moviliza más, reclama más calidad de vida. Si en 2005 se registraron 87.000 protestas públicas, en 2010 el número llegó al menos a 180.000; son datos oficiales. El medio ambiente se ha convertido en tema central y la lucha contra la corrupción -en la cual el presidente Hu Jintao se comprometió a fondo- aún reclama nuevas batallas.
No es fácil la tarea que viene y por eso el próximo Congreso del PCCh será tan significativo y muchos buscarán entender sus resultados. Se tratará de ver que trae la Quinta Generación al poder, encabezada por Xi Jinping, y como asumirá su enorme tarea.
¿Cuáles serán las transformaciones ineludibles que parecen venir en esos ámbitos antes mencionados?
En el modelo económico, lo primero será enfrentar la desaceleración económica para lo cual se ven venir medidas de estímulo que, a su vez, requieren tener un control más fuerte sobre los gobiernos locales para hacer más eficiente a la economía. El nuevo gobierno tendrá que sentar las bases para un cambio en su modelo de desarrollo: aumentar el consumo interno, crear productos de mayor valor agregado, incrementar en términos reales la productividad con altos estándares de calidad.
En lo político, el PCCh debe avanzar hacia formas más reales y eficientes de participación. No tiene en mente las formas clásicas de la democracia occidental y ya, de manera explícita, varios de sus intelectuales dicen que ésta ha fallado en muchos aspectos. Pero buscarán expandir un sistema con dos objetivos mayores: la “meritocracia” (algo muy confuciano) donde todos los mejores puedan llegar, más allá de su origen, a entregar su capacidad de conducir y crear; la “democratización en la base”, donde la realidad cotidiana en pueblos y ciudades sea efectivamente resuelta con participación ciudadana.
En lo socio-cultural, el país de aquí a 2020 será altamente urbano. La estructura de las familias ha cambiado y eso traerá impactos en muchos aspectos, habrá más ancianos y menos jóvenes para asumirlos. Las nuevas generaciones son fuertemente cosmopolitas a la vez que orgullosas de su nacionalidad, más analíticas y críticas de todo aquello que les impida vivir mejor y tener más calidad de vida. Viene un enorme desarrollo de las industrias culturales chinas para decir: “esto somos, traten de entendernos”.
¿Lo hará China? El mundo espera y necesita que sea así