Padre Hugo Tagle

Mallarauco

Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

Por: Padre Hugo Tagle | Publicado: Lunes 28 de enero de 2019 a las 04:00 hrs.
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Una colosal máquina perforadora se traerá a Chile para la construcción de una nueva etapa de la línea de Metro. Con ella, se ahorrará tiempo y recursos. Cuando leí sobre esto, recordé una obra de ingeniería notable en el valle de Melipilla, de fines del siglo XIX: El canal de Mallarauco. De casi cuatro kilómetros de extensión, éste traspasa el cordón de cerros que separa Peñaflor del valle de Mallarauco, en la comuna de Melipilla, llevando las aguas del Mapocho allí y transformando un valle semidesértico, en el fértil que es hoy.

Tras esta obra fantástica para esa época hay un hombre visionario, Pablo Larraín, que vio la necesidad de llevar agua a ese lado de los cerros. Lo tienen que haber considerado loco: 20 años tomó ese trabajo, a punta de picota, pala y muchísimo empeño. Se hizo cuando la ingeniería estaba en pañales. Cuentan las crónicas que en las labores de perforación intervino el mismísimo diablo, ya que de otra manera hubiera sido imposible tamaña construcción.

Pero nada de eso. Allí hay puro “ñeque” y tesón, empeño y visión de futuro. Y una gran fe en la capacidad y voluntad humana. ¿Por qué escribo sobre esto? Por dos razones.

Primero, porque se sabe poco de estas obras titánicas que existen en Chile. No figuran en ningún libro de historia ni se enseña sobre la tenacidad de estos visionarios en los colegios. Yo, poco y nada sabía de este señor. Valoramos poco la ingeniería chilena, visión y tenacidad locales. Hay grandes construcciones que se han hecho con un enorme esfuerzo, pocos recursos y mucha inteligencia. Pero no se estudian ni conocen. Le pregunté a un grupo de estudiantes de ingeniería si sabían de este canal. Ni idea.

Y lo segundo, nos ha consumido el cortoplacismo, la ganancia de corto aliento, mezquina y empobrecedora. En materia política, escasea la mirada visionaria, al horizonte de la historia, que atraviese generaciones y hace posible el verdadero desarrollo. Y no sólo en obras civiles. El combate a la pobreza no puede conocer colores políticos. Proyectos de largo aliento, que nos unan como país, son los que finalmente prosperan. “Quien planta árboles cuya sombra sabe que no va a disfrutar, ha comprendido el verdadero sentido de la vida”, dice un sabio adagio.

Ojalá las nuevas generaciones de profesionales y políticos piensen en esas categorías. Hay que repensar los períodos de gobierno. Se requiere más tiempo para el diseño de grandes proyectos país. Y la generosidad de estar dispuestos a ceder en ambiciones personales y pensar más allá de nuestra corta vida.

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