Padre Hugo Tagle

Huevos de Pascua

Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

Por: Padre Hugo Tagle | Publicado: Lunes 15 de abril de 2019 a las 04:00 hrs.
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Uno de los signos clásicos de la Pascua de Resurrección son los “huevos de Pascua”. Actualmente son de chocolate, pero en su inicio era el humilde huevo de gallina, que se pintaba. Algo tan sencillo esconde un gran simbolismo. De algo aparentemente inerte, surge la vida. De la muerte brota la verdadera vida, que es Cristo.

Ese es el sentido de ese entrañable recuerdo de la Pascua, que celebramos año a año. Un segundo símbolo de esta fiesta es el conejo, algo más extraño en este lado del globo. La razón es simple: son los primeros animales que salen a la luz luego del largo invierno en el hemisferio norte. Viví en Münster, Alemania, ciudad vecina a Holanda, durante mis años de estudio. Luego de los largos meses de invierno, y cuando ya la nieve comienza a derretirse por el sol primaveral, salen los primeros conejos a la luz. Se les ve en los parques y campos. De ahí los cristianos tomaron esa imagen para ilustrar la vida que surge tras el rigor de lo aparentemente muerto por el frío invernal.

Ambas imágenes hablan del triunfo de la vida, la esperanza y alegría sobre la tristeza. No es el viernes santo el centro de la vida cristiana, sino la Resurrección, el Domingo, la vida que vence a la muerte. La idea cristiana de Dios es esencialmente esperanzadora. Tras las tinieblas, siempre surge y brota la luz.

Para un cristiano, nunca nada es una fatalidad total. Incluso la muerte tampoco lo es. Es triste, dolorosa, misteriosa, pero no incomprensible; cruel sin duda, pero camino a la verdadera vida, que es el Cielo. Sí, es un asunto de fe. Nadie ha vuelto del otro lado para contarnos cómo es. Salvo Cristo. Pero, ¿cómo vivir pensando que todo se acaba aquí, que la vida termina en la nada?

Incluso quienes no creen dejan siempre entrever cuando se refieren a la muerte un dejo de nostalgia por ese espacio, lugar y hogar, distinto a éste, más allá de nuestros sentidos. Cristo venció a la muerte y con ello nos demuestra que sí hay un lugar más allá, una tierra que es hogar común y explicación de esta.

Con el Domingo de Ramos comenzamos la semana mayor, semana santa, para culminar con la Pascua de Resurrección. Toda ella es una invitación a renovarnos en la esperanza, en la alegría que todo lo vence; a dejar entrar la luz en las tinieblas del alma. A vencer la tristeza, la angustia y desolación.

Con Cristo, no hay nada que temer. Es fortaleza, sustento, apoyo y consuelo. Celebre semana santa. Participe de sus liturgias. Rompa la dieta y cómase un huevito de Pascua. El chocolate hace bien. Cristo resucitado, tanto más.

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