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Miguel Ricaurte

Cese al fuego en la guerra comercial

Miguel Ricaurte Economista jefe de Banco Itaú

Por: Miguel Ricaurte | Publicado: Martes 2 de julio de 2019 a las 04:00 hrs.
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China y Estados Unidos se sentarán nuevamente a la mesa de negociación por la disputa comercial que sostienen desde hace más de un año. Este fue el anuncio clave tras la anticipada reunión entre Donald Trump y Xi Jingping en la cumbre del G-20 en Japón el pasado fin de semana. Es un avance en la dirección correcta, tras la interrupción de las conversaciones entre las mayores economías del mundo a principios de mayo, pero no implica que estemos más cerca de un acuerdo comercial. Aún hay mucha tela que cortar y vale la pena revisar los destacados detrás del titular.

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La primera y más palpable consecuencia de que se hayan retomado las negociaciones es que se postergó (de manera indefinida, pero no definitiva) el alza de aranceles a productos chinos que con la que Estados Unidos había amenazado a China. Si el acercamiento no hubiese ocurrido, unos 300 mil millones de dólares en productos chinos hubieran pasado a pagar un arancel de 25% a contar del 1 de julio. Parece que el equipo económico del Presidente Trump estimó —más allá de la posición oficial de que era China el principal afectado por las alzas de aranceles— que mayores tarifas de importación estaban generando un daño a la propia economía estadounidense. Varias señales ya apuntan a que las rondas anteriores de alzas de aranceles están impactando al crecimiento mundial y comienzan a sentirse en cifras del EEUU.

Asimismo, Trump anunció que permitirá que empresas estadounidenses continúen vendiendo tecnología al gigante de telecomunicaciones Huawei. Esto se hará siempre que dicho intercambio no atente contra la seguridad nacional, argumento que usó Washington cuando puso a la empresa china al centro de la disputa comercial. Dicha empresa ha jugado un rol protagónico en el desarrollo de tecnología 5G, lo que la convierte en un blanco atractivo en las discusiones.

Por su parte, China ofreció que compraría – en palabras de Trump – “grandes cantidades” de alimentos y productos agrícolas de EEUU. La medida buscaría moderar el saldo comercial desfavorable para EEUU, que importa de China más de lo que le vende. En la práctica, esta medida es menos concreta que lo ofrecido por EEUU, además de que su cumplimiento será difícil de comprobar.

Sin fechas concretas, al menos públicamente conocidas, las negociaciones a nivel ministerial se retomarán en las próximas semanas. Es probable que veamos varias rondas de conversaciones, tanto en Beijing como en Washington, antes de tener noticias concretas de un acuerdo duradero. Aún deben resolverse temas complejos que incluyen apertura de la cuenta de capitales de China, leyes de derecho de propiedad y transferencia tecnológica, además del tan publicitado re-balanceo del saldo comercial entre los dos países. Aunque el mercado reaccionó con optimismo al anuncio, el proceso seguramente tendrá sus altos y bajos. Por ello, no podemos descartar que veamos volatilidad conforme se conozcan los avances (o falta de ellos) de las conversaciones.

El anuncio tiene significancia política. Primero, muestra que China tiene una posición de negociación favorable, pues está logrando imponer puntos concretos de su agenda —como limitar alzas de aranceles y levantar sanciones contra Huawei— a cambio de promesas menos precisas. Además, evidencia que EEUU no es ni económica ni políticamente inmune a la disputa comercial. Trump debe entregar una economía en crecimiento antes de la elección presidencial en noviembre de 2020, o verá mermadas sus chances de ser reelecto.

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