José Manuel Silva

El dinero de los otros

Por: José Manuel Silva | Publicado: Jueves 5 de junio de 2014 a las 05:00 hrs.
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Lady Thatcher señalaba que el problema del socialismo era que en última instancia se agotaba el dinero de los otros. Esta reflexión es bastante más profunda que una clásica frase de ironía británica. Ella debería hacernos pensar para qué y para quién el Estado de Chile necesita los ya famosos
US$ 8.200 millones que le quiere quitar al sector privado (“los otros”).

Muchos nos hemos dado cuenta por el acalorado debate que ha surgido, que la reforma tributaria diseñada para levantar esta cuantiosa suma no es inocua. Moros y cristianos han advertido sus nefastas consecuencias en el ahorro, la inversión, el emprendimiento, la competitividad de Chile y en última instancia el crecimiento potencial del país. Cada punto de menor crecimiento significa
US$ 600 millones menos de impuestos recaudados por el Estado de Chile. También significa la menor creación de miles de empleos y por lo tanto salarios que crecen más lento.

Es por ello que lamento la pobreza en el debate sobre la real necesidad de recaudar los miles de millones ya señalados. El Estado de Chile hoy gasta una cifra cercana a 20% del PIB. La increíble suma de US$ 60.000 millones. Entre 1990 y el año 2003, los ingresos del Estado se duplicaron en términos reales. Entre 2003 y 2012, se duplican de nuevo (sin cobre). Gran parte de ese aumento se ha originado por el crecimiento económico del país, más que por alzas de impuestos, lo que demuestra la efectividad del crecimiento para hacer crecer el monto absoluto de impuestos.

¿Se gasta eficientemente esa gran cantidad de dinero? ¿Nos damos cuenta que si logramos reasignar un 3% del gasto total, financiamos un cuarto de la reforma? ¿Cuánto del total de la reforma se destinará a dar gratuidad a los estudios universitarios? ¿Será necesaria si ello beneficia a los sectores de mayores ingresos? ¿Alguien ha propuesto hacer revisar los grandes programas del gobierno por entes especializados internacionales que auditen sus resultados? ¿Qué fácil es sólo decidir gastar más sin revisar si todo lo que se gasta hoy tiene justificación?
Se justifica también la reforma en querer mejorar la distribución del ingreso en Chile, la que aparece como la peor de la OCDE.

Para ello se utiliza un guarismo llamado coeficiente de Gini, un índice de desigualdad en el ingreso que va de 0 (igualdad perfecta) a 1 (todo el ingreso o la riqueza concentrada en un sólo individuo). Los países escandinavos tienen un Gini en torno a 0.25. En el otro extremo, algunos países en Africa sub-Sahariana llegan a 0.6. El de Chile es 0.52, aunque un trabajo del economista David Bravo de la Universidad de Chile que corrige cómo éste se calcula, lo lleva a 0.48, uno de los más bajos (mejores) de América Latina. El Gini es un indicador estático y lleva a tener conclusiones sesgadas. Poco se mencionan los estudios del profesor de la Universidad Católica Claudio Sapelli que muestran cómo este indicador va mejorando sustancialmente en Chile a medida que se toman generaciones más jóvenes.

Para terminar con las falencias del Gini pongo como ejemplo un caso hipotético planteado por el economista Alejandro Larraín: “Imaginen dos países: Aristocrania y Loterilandia. En Aristocrania existen diez castas sociales inamovibles y determinadas por nacimiento. En realidad, existen dos castas. Los líderes que son el 10% y todos los demás que son el 90%… al final del año, ‘se reparte’ el PIB de la siguiente manera: a cada una de las 9 castas inferiores se le da 7,5% del PIB (es decir, 9x7,5%=67,5% del total) y los líderes se quedan con el 32,5% restante. El Gini de este país es 0.27, es decir, similar al de los nórdicos. En Loterilandia, existen también diez castas, aunque más que castas son grupos de 10% de los habitantes cada uno. ..al final del año, se hace una lotería. En esta lotería, se sortea el PIB de la manera siguiente: 9 grupos se repartirán 4% cada uno (9x4%=36% del total) y el ‘gran ganador del año’ se lleva el 64% restante. El Gini de este sistema es 0.54, es decir, similar al de Brasil”.

El Gini no considera efectos dinámicos y como herramienta de comparación entre países es muy deficiente. La ideología de la igualdad que subyace la reforma tributaria omite demasiado los costos de ésta e infla exageradamente sus beneficios.

Aún no sabemos cómo y dónde se gastará el dinero. ¿No sería lógico analizar un menú de reformas tributarias posibles con sus costos y beneficios? ¿No sería lógico analizar la alternativa de endeudar el país en un momento en que éste lo puede hacer a tasas históricamente bajas? En el siglo XXI el dinero de los otros es más móvil que nunca; el peor de los mundos sería terminar con un sistema tributario ineficiente, sin la recaudación esperada y con un Gini dinámicamente peor.

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