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José Antonio Viera-Gallo

El futuro en un cuadrilátero

José Antonio Viera-Gallo Ex ministro de Estado

Por: José Antonio Viera-Gallo | Publicado: Viernes 19 de julio de 2019 a las 04:00 hrs.
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José Antonio Viera-Gallo

Todos queremos predecir el futuro para ajustar nuestras acciones a los dictados de la fortuna o para evitar males y procurar gratificaciones. Antes se recurría a los oráculos de los dioses o a los consejos de los sabios. Hoy a los expertos en flujos de mercado, a los científicos que auscultan el impacto de las tecnologías o a las encuestas políticas. Muchas elecciones se definen por estudios de opinión que van moldeando el voto ciudadano. Abundan los seminarios sobre “el mundo que viene” y las tendencias que lo definirán.

Entre nosotros cunde la preocupación por el futuro inmediato del país: la promesa del desarrollo se aleja, la sociedad se vuelve más compleja e imprevisible en sus cambiantes humores y movimientos, y el cuadro político ha cambiado profundamente. La situación internacional abona las inquietudes. Vivimos una época marcada por la vulnerabilidad y el riesgo.

Sin embargo, el esquema político parece irse clarificando paulatinamente luego de la emergencia de una variedad de grupos y movimientos nuevos. Dejamos atrás el período binominal formal en que dos grandes coaliciones comprendían una multiplicidad de sensibilidades distintas. Pero no hemos vuelto a los tres tercios que marcaron la vida pública antes de 1973. La reimplantación de un sistema electoral proporcional sin ningún contrapeso ha favorecido la dispersión de partidos con representación parlamentaria.

Ese nuevo espectro de fuerzas políticas tiende a agruparse en custro grandes corrientes: una derecha autoritaria y populista representada por José Antonio Kast; una centroderecha formada por conservadores y liberales hoy agrupados en Chile Vamos; un centroizquierda progresista formado por social cristianos y social demócratas de la ex Concertación más o menos avenidos; y una izquierda más radical que se expresa en el variopinto Frente Amplio, más el PC que oscila buscando acuerdos entre ambos.

Es probable que muchos ciudadanos no se sientan representados por ninguna de estas opciones. Así lo indican las encuestas. Pero mientras no surja un líder carismático que convoque al electorado fluctuante -como lo hiciera el general Ibáñez en la década del 50– el cuadro político estará definido por este nuevo cuadrilátero, en el que el decaimiento en la popularidad de un sector no significa el aumento de apoyo de los otros. No hay vasos comunicantes. Pero el cuadrilátero tampoco puede quedar vacío.

Cada componente tenderá a responder a su electorado más fiel sin perder de vista las alianzas electorales necesarias para los próximos comicios municipales y de gobernadores. Seguramente habrá acuerdo “binominal” para las elecciones de gobernadores y alcaldes, y se competirá por separado para concejales. Pero la prueba definitiva para la consolidación del cuadrilátero será la elección presidencial y parlamentaria. Ahí veremos cuántos candidatos van a primera vuelta y quiénes se presentan juntos a la disputa parlamentaria. Lo que parece hoy excluido es que pueda haber un solo postulante de centroderecha y uno solo de centroizquierda, pues hay una nueva disputa al interior de ambos espacios. Hoy resulta más apropiado hablar de derechas e izquierdas en plural, y de fuerzas de centro que se inclinan en uno u otro sentido. Para muestra, miremos lo que sucede en España.

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