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Guillermo Tagle

Otra mirada para Chile

Guillermo Tagle Q. Presidente Credicorp Capital Chile

Por: Guillermo Tagle | Publicado: Martes 22 de enero de 2019 a las 04:00 hrs.
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De los 10 expositores que desde sus inicios ha traído “La Otra Mirada”, Ayaan Hirsi Ali ha sido lo más potente, fuerte y notable que hemos tenido en Chile en muchos años. Pocas veces tenemos la posibilidad de conocer, leer y escuchar, a alguien que está -literalmente- dispuesta a dar la vida por la promoción y defensa de sus principios y valores. Expuesta en línea de fuego, para defender el derecho a vivir en libertad; en especial, de las mujeres que en muchos paises son sometidas a formas de vida contrarias a los derechos humanos que supuestamente, prevalecen en el mundo occidental.

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No me referiré en estas líneas a la vida de esta notable mujer, porque ello ya fue muy bien descrito aquí por un destacado columnista (Axel Kaiser, DF 17/01). Sí quisiera destacar lecciones que podemos aprender para nuestro país.

Chile tuvo por muchos años, una sociedad conservadora criticada por ser liberal en lo económico, pero cerrada en lo valórico y derechos personales. Esto ha tenido un profundo cambio. Muchas de las cosas que en Chile se restringían (legalmente o por convenciones sociales), hoy son abiertamente aceptadas. A pesar de que en ocasiones sentimos que nuestra sociedad vive tensiones y conflictos relevantes, hemos aprendido a vivir con un mucho mayor respeto a la libertad individual y al derecho a elegir de cada cual. Cuando escuchamos el testimonio y el ejemplo de vida de Ayaan —el tipo de libertades y derechos que ella ha debido defender y por los cuales expone su vida—, no podemos dejar de apreciar lo valioso que es vivir en un país como el nuestro.

Tal como ella nos narra, en el mundo existen millones de personas que viven en sociedades donde la mujer es considerada ciudadano de segunda categoría. Su lucha no es para conseguir que exista paridad de género en puestos de gobierno, en las empresas o en centros de educación. Su lucha busca reformar el Islam y evitar que millones de mujeres sean limitadas en su derecho a decidir cómo educarse, cómo vivir en pareja, cómo cuidar su sexualidad, cómo evitar ser mutiladas y físicamente abusadas.

Lo más increíble de su testimonio —tan fuerte, doloroso y llamativo— es que lo expresa con alegría, no refleja rencor, tampoco manifiesta rabia hacia quienes la persiguen y le han hecho vivir por años con seguridad personal. Por el contrario, expresa optimismo, alegría y energía positiva. Sí nos advierte no dejar espacios abiertos que permitan a unos pocos ganar la batalla de las ideas e imponer reglas de vida “totalitarias”, usando el argumento de la necesidad de “tolerancia” (o intolerancia, tal vez) y de no ser nunca “políticamente incorrecto”.

Esto es algo que, en alguna medida, hemos empezado a vivir y a sufrir en nuestro país. En los últimos años hemos registrado tensión social, por las ganas de algunos pocos, de imponer sus ideologías, tratando de limitar, prohibir, o sancionar (con abierto “bullying”) a cualquiera que no comparta sus ideas. En esa sociedad conservadora que teníamos en Chile muchos pueden haber sufrido limitaciones en sus libertades personales, pero que hayamos avanzado en esos temas no implica aceptar lo inverso y tratar de imponer como valores absolutos posturas ideológicas que pueden tener derecho a existir, pero no a obligar a todos a vivir según sus pautas.

Chile tiene una sociedad privilegiada, libre y tolerante, más aun si la comparamos con los problemas que describe Ayaan Hirsi Ali. Escucharla nos motiva a trabajar con más fuerza para cuidar a Chile y hacerlo cada día un mejor lugar para vivir.

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