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Guillermo Tagle

Chernobyl en Argentina

Guillermo Tagle Presidente Credicorp Capital

Por: Guillermo Tagle | Publicado: Viernes 23 de agosto de 2019 a las 04:00 hrs.
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Una de las miniseries televisivas que más impacto han tenido este año es la que relata, con una muy buena puesta en escena, la catástrofe provocada por el accidente nuclear ocurrido al norte de Ucrania en Chernobyl, en abril de 1986.

La central “Vladimir Ilich Lenin”, ubicada en territorio que entonces formaba parte de la Unión Soviética, provocó una de las catástrofes causadas por acción humana más graves de la historia.

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Probablemente entre los factores que generaron el exitoso resultado para la productora HBO estuvieron la precisión y realismo de los hechos narrados. La trama básica era ampliamente conocida; los resultados, el impacto en vidas humanas, en el medioambiente y en las personas que fueron dramáticamente afectadas, eran hechos conocidos. Pero la forma cómo el siniestro fue abordado, la incompetencia de las autoridades involucradas, el manejo político de una emergencia de esa envergadura, la “miseria humana” de tantos que optaron por proteger sus intereses, sus cuotas de poder, su imagen pública, por sobre el bien común, es lo que realmente deja en estado de shock al espectador.

¿Cómo puede ocurrir que un país con inmensos recursos, con una población tan numerosa, pueda ser gobernado con tanta incompetencia? ¿Cómo puede una nación soberana quedar sometida por tantos años a un manejo tan egoísta e incapaz?

La miniserie permite apreciar la relevancia de la calidad en la gestión de las naciones. El accidente de Chernobyl es tal vez una pequeña muestra de todos los acontecimientos catastróficos y siniestros que ocurrieron por décadas en la URSS, hasta que finalmente colapsó. La miniserie hace evidente la importancia de gestionar bien una nación para enfrentar problemas serios.

Los países pueden avanzar, generando progreso humano y social para su gente, o pueden colapsar si son mal administrados, si se quedan “pegados” en luchas egoístas y si aceptan que sus líderes no gobiernen anteponiendo el bien común a sus intereses personales.

A propósito de eso, según un artículo publicado en The Economist en 1914, Argentina tenía entonces un PIB per cápita más alto que Alemania, Francia e Italia. Poco antes de estallar la Primera Guerra Mundial, Argentina y Canadá tenían características muy parecidas y hasta los años 30 un ingreso per cápita similar. Incluso hasta fines de los 40, Argentina estaba entre las 10 economías principales del mundo. Varios millones de europeos migraron allá durante la gran crisis de sus guerras.

Pero de pronto, probablemente en torno a los años 50, los argentinos se sintieron ricos, privilegiaron repartir lo que el Estado había acumulado en los tiempos de prosperidad, por sobre la promoción de la libertad para emprender y el fortalecimiento Institucional. Empezaron a gobernar los mismos por décadas, con una gestión incompetente, subyugando el bien común a una categoría inferior, privilegiando el interés particular y la preservación del poder (político y económico) por sobre la creación de valor económico y social para quienes tenían mérito y aportaban emprendiendo y creando valor.

Mala gestión por décadas que podría terminar en calamidad. La serie sobre Chernobyl nos presenta en la pantalla un ejemplo gráfico de las consecuencias que puede llegar a tener un mal manejo del poder cuando se enfrentan desafíos complejos. Es el riesgo que enfrentan hoy muchos países, cuyos pueblos sucumben a la tentación del populismo, de la receta fácil, de la idea que repartir es más importante que crear

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