Fernando Barros

¡Es el rumbo, no el ritmo!

Abogado, Consejero de SOFOFA

Por: Fernando Barros | Publicado: Jueves 9 de julio de 2015 a las 04:00 hrs.
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Nuestra sociedad aún disfrutaba de la embriaguez del gran logro deportivo de la Copa América cuando conocimos la encuesta Adimark que reiteraba, con un grito desesperado de la santa calle, el llamado mayoritario de atención de la sociedad chilena a nuestras autoridades sobre la conducción del gobierno y la urgente necesidad de enmendar la política. También conocimos en estos días las negativas cifras de crecimiento del producto, lo que llevó al ministro de Hacienda a bajar la proyección del año para un pobre 2,5%, cifra que analistas independientes estiman que, de mediar otros efectos como la crisis de Grecia y la desaceleración de China, podría ser inferior e incluso no alcanzar el 2%.

En sólo 16 meses de gobierno de la renovada Concertación, hoy incrementada ideológica y programáticamente con el aporte del Partido Comunista, el país ha pasado de ser de las economías más destacadas del mundo a una de las economías que más ha caído y, lo que es más grave, presenta un desplome de los indicadores de confianza y, con ello, de la inversión necesaria para que el país hubiere podido seguir en la senda que le llevaría, con trabajo, orden y buena conducción, al anhelado desarrollo.

A diferencia de los festejos por la victoria de la Copa ya obtenida, la euforia del nuevo gobierno de la misma coalición que condujo el país 20 de los últimos 24 años, ha estado enfocada en el deleite anticipado de los eventuales beneficios de la pretendida total transformación de la sociedad chilena, iniciando con paso inexorable y uno a uno, la destrucción de los valores fundamentales que conforman los pilares esenciales de nuestra cultura histórica. Corren peligro el matrimonio entre un hombre y una mujer y la familia como el núcleo adecuado y natural entorno para la crianza de los niños. Se ha conculcado gravemente el derecho de los padres de decidir la educación de sus hijos. Se pretende imponernos la obligación de aceptar como legítimas conductas reñidas con la naturaleza humana y muy pronto estaríamos por legalizar el asesinato de inocentes indefensos, conformando un entorno de exacerbación irresponsable de los derechos sin un debate serio y en discusiones plagadas de demagogia, se van imponiendo sin medir las consecuencias que tienen y que tendrán en nuestra convivencia.

El ánimo refundacional no ha sido pacífico. Poco a poco se fue generalizando en la dirigencia política un discurso contrario al emprendimiento y al mundo de la empresa. En nombre de una quimera igualitaria, en el fondo no muy distinta de la que pudo haber inspirado la igualdad de Mao y fracasadas revoluciones y con una visión de la sociedad como un campo de conflictividad social y no uno de colaboración social, se han apresurado para avanzar sin transar y han impuesto una reforma tributaria mal concebida, técnicamente inaplicable, y ahora una reforma sindical que carece de toda lógica conciliadora y sólo busca poner al empresario de rodillas ante los sindicatos. De igual forma, las iniciativas en materias urbanísticas, de aguas, energía y en otros ámbitos, están significando un grave deterioro del derecho de propiedad y demuestran la visión dominante del rol cada vez más reducido de espacio y de su carácter de pilar del desarrollo que el mundo político asigna a la iniciativa privada por sobre un endiosado "Más Estado".

El deterioro de la economía no podía demorar. El crecimiento, los niveles y calidad del empleo y el desánimo del mundo empresarial y de los inversionistas locales hicieron crisis. Las autoridades cayeron en cuenta de que si bien el ADN del mundo empresarial no le permitiría bajar los brazos ni ejercer acciones de fuerza para detener la agresión legislativa, claramente sí se han convencido que resulta irresponsable iniciar nuevos emprendimientos o comprometer expansiones e inversiones en el entorno actual.

El entendimiento de la situación por parte del mundo político ha sido limitado y han creído que la solución pasa por poner pausa a las reformas y esperar que la economía se recupere para volver con el plan refundacional. Claramente se equivocan, y esperamos que así lo entiendan los nuevos ministros políticos y económicos, ya que pareciera que mientras no esté claro que el gobierno ha decidido cambiar su rumbo y no sólo su ritmo, la gran mayoría de los chilenos habrá empeorado su situación al fin de este periodo de estreno de la Nueva Mayoría.

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