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Cristián Saieh

El senador Insulza y las redes sociales

Por: Cristián Saieh | Publicado: Jueves 23 de mayo de 2019 a las 04:00 hrs.
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Una de las entrevistas más reveladoras del último tiempo la acaba de dar el senador Insulza para referirse a la crisis institucional. Para fraseando, dijo: "No creo que las instituciones estén en crisis. Hay poderes fácticos que antes no existían, estoy hablando de los que manipulan, los que pagan a firmas que meten mensajes en Twitter, en Facebook y todo lo demás. Esos son cada vez más poderosos y complican la capacidad de los políticos para hacer su pega bien".

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Las conclusiones del senador son erróneas, pero llaman a una relevante reflexión. Son equivocadas porque las redes sociales nos son poderes fácticos, no operan estratégicamente al margen de las instituciones políticas, ejerciendo influencia estratégica en ellas. La Iglesia, los empresarios, el poder militar sí lo son. Facebook y Google no, pero ejercen una determinante influencia en nosotros.

Mark Zuckerberg y Larry Page no están tras su escritorio presionando a instituciones públicas; están ocupados de lo relevante, esto es, moldear a las personas que toman decisiones que cambian los destinos de sistemas sociales completos.

Insulza nos deja la tarea de entender que debemos ocuparnos de los profundos efectos que producen en nuestra vida —y por consiguiente, en el funcionamiento de nuestras instituciones— las redes sociales y la inteligencia artificial. ¿Cuánta información entregamos a las redes y aplicaciones? ¿Qué pasará con nuestra toma de decisiones? ¿Y quién es el dueño de esos datos? Por lo pronto, y dado que facilitan nuestra vida, les entregamos prácticamente toda nuestra información.

Ya no necesitamos pensar para usar el automóvil. Confiamos en Waze y se escucha decir: "Waze me mandó", sintomático, ¿no? Para buscar antecedentes sobre cualquier tema, recurrimos a Google, que nos entrega la información que quiere -rankeada- en función de algoritmos que no comprendemos. Y para conocer de la vida de una persona, qué mejor que Linkedin y Facebook. Así estas apps y redes sociales finalmente moldean nuestra forma de conducirnos, porque influyen en las decisiones diarias que tomamos.

Y la tercera interrogante, la más importante, ¿quién es dueño de esos datos? Ni el derecho informático ni las profusas regulaciones de la Unión Europea son capaces de contestar esta pregunta, cuya respuesta es obvia: todos son dueños de mis datos, menos yo. Crecientemente necesitamos entregar más antecedentes a estas redes y mecanismos de inteligencia artificial para conducirnos en sociedad, lo que aumentará, ya que uno de los asuntos clave para el ser humano es que estos datos serán usados por la biomedicina y la bioingeniería para ayudarnos, por lo que nadie querrá evitar entregar más y más datos. ¿O alguien se opondrá a sanarse por no entregar datos personales?

Por lo tanto, los políticos debieran estar más ocupados de entender que nuestra libertad se encuentra amenazada y que más que líderes pongan en orden estas cosas; debemos asumir que sólo a través de la cooperación global es posible garantizar la libertad, hoy aplastada por el nacionalismo, los fundamentalismos y la cultura.

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