Las elecciones para elegir al próximo presidente del gigante sudamericano se realizaron este domingo 4 de octubre y finalizaron con una estrecha victoria de Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal de Brasil e hijo del ex jefe de Estado Jair Bolsonaro, por sobre el actual mandatario y líder del Partido de los Trabajadores, Luiz Inácio Lula da Silva. Ambos se volverán a enfrentar en una segunda vuelta el 25 de octubre.
Bolsonaro, de 45 años, estuvo desde el inicio del recuento por delante de Lula, de 80 años. Incluso rozó la victoria en la primera vuelta, pero perdió impulso a medida que entraron los votos de la región noreste del país, bastión político de la izquierda brasileña.
Al cierre de esta edición, con el 99,75% del voto escrutado, según el Tribunal Superior Electoral, Bolsonaro ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales con el 47,08% de los votos válidos, frente al 45,10% del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
Los votos de las candidaturas eliminadas serán decisivos y, en principio, favorecen a Flávio: tendría prácticamente garantizados los votos de los postulantes de derechas descalificados, que suman en torno al 7%.
Lula por su lado, tiene un escaso margen para sumar apoyos en la segunda vuelta, pues fue candidato único de los progresistas.
Tras los resultados, el Presidente de Brasil, que busca su cuarto mandato no consecutivo, sostuvo: “No gané en primera vuelta porque a la gente le gusta que compita en segunda vuelta, soy muy bueno en eso”. Además, anunció que buscará a los millones de ciudadanos que no votaron este domingo. Por su parte, Bolsonaro festejó: “Estoy muy feliz por el resultado. Son más de 56 millones de brasileños que votaron por un cambio (…). Es el fin de la era del PT (Partido de los Trabajadores), una era que está dejando un récord de mujeres asesinadas, de brasileños endeudados”.
Interferencia externa
Las repercusiones de la condena de Jair Bolsonaro el año pasado marcaron gran parte de la campaña.
Trump, quien calificó dicho caso de "caza de brujas", impuso un arancel del 50% a Brasil en 2025, vinculando explícitamente los gravámenes al juicio contra Bolsonaro tras las gestiones de la familia Bolsonaro para presionar al Supremo Tribunal Federal de Brasil a retirar los cargos.
Flávio prometió solicitar una amnistía para su padre, quien cumple una condena de más de 27 años por planear un golpe de Estado tras su ajustada derrota electoral en 2022.
Los aliados de Lula advirtieron que la administración Trump podría negarse a reconocer los resultados si él gana, señalando un intento frustrado de enviar funcionarios estadounidenses a Brasil.
"Lo que está en juego es el futuro de Brasil", dijo Lula tras votar en Sao Bernardo do Campo, en el estado de Sao Paulo. Aunque los sondeos realizados hasta el mismo sábado indicaban que Lula probablemente lideraría la primera vuelta pero no evitaría una segunda, Bolsonaro declaró a los periodistas que confiaba en ganar la presidencia en la primera ronda.
"Nuestras encuestas internas muestran que superamos la primera vuelta hace tiempo", dijo Bolsonaro tras votar en Río de Janeiro, donde estuvo acompañado por su madre, Rogéria Bolsonaro, quien aspira a un escaño en la Cámara de Diputados de Brasil.
Trump no ha respaldado formalmente a ningún candidato, aunque recibió al senador Flávio Bolsonaro en la Casa Blanca y lo elogió públicamente.
El senador, que se comprometió a estrechar lazos con Estados Unidos e Israel, celebró la designación por parte del gobierno de Trump de las principales bandas criminales de Brasil como grupos terroristas, decisión que Lula rechazó.
Otro factor importante es el acceso de Estados Unidos a las vastas reservas de minerales críticos de Brasil, clave para el impulso de Washington por reducir la dependencia de China.
Dificultades económicas
A pesar de la disminución de la desigualdad y el desempleo, Lula ha tenido dificultades para ganarse a los votantes que se enfrentan al aumento del costo de la vida, a las elevadas deudas de los hogares y la creciente actividad de las bandas criminales.
Sin embargo, las políticas sociales del presidente han seguido resultando atractivas para algunos votantes que apoyan su agenda progresista.
La arquitecta Mariana Kiel, de 53 años y residente en Sao Paulo, dijo que planeaba votar por Lula. "Hemos tenido un gobierno que reconoció que, para que un país crezca, todos deben progresar juntos", afirmó Kiel, quien paseaba a su perro vistiendo una camiseta de Lula.
Flávio Bolsonaro ha intentado sacar provecho de la preocupación por el costo de la vida, mientras que Lula ha tomado medidas para prohibir las apuestas en línea, a las que se culpa de alimentar la deuda y, a medida que la contienda se estrechaba, amplió las ayudas sociales y anunció la condonación de deudas para las familias.
El aumento del gasto y una deuda pública superior al 82% del PIB avivaron las preocupaciones fiscales que el próximo presidente de Brasil podría tener que abordar. El gobierno redujo sus previsiones de crecimiento económico para este año y el próximo a apenas un 2,0% y un 2,3%, respectivamente.
"Necesitamos sacar a Lula porque está destruyendo el país", dijo a Reuters Fernando Tempel, un consultor de gestión de 49 años. Aunque planeaba votar por otro candidato, Tempel dijo que cambió de opinión para apoyar a Flávio Bolsonaro.
El escándalo que rodea al ahora desaparecido Banco Master eclipsó el debate sobre políticas públicas, salpicado a gran parte de la clase política brasileña y reavivando la indignación pública por la corrupción.
Daniel Vorcaro, el antiguo director del banco, fue arrestado a principios de este año por un presunto fraude multimillonario. La investigación ha indagado sobre los vínculos de Vorcaro con figuras que van desde el magistrado de la corte suprema Alexandre de Moraes hasta el propio Flávio Bolsonaro, quien está siendo investigado por blanqueo de dinero relacionado con el caso.
El senador negó haber cometido irregularidades, aunque confirmó haber recibido millones de dólares de Vorcaro para financiar una película sobre su padre.
Las conexiones del banquero con Moraes, considerado por muchos como un aliado de Lula, sumieron al STF en una crisis un mes antes de la votación, creando nuevos problemas para el presidente. Moraes sostuvo que el caso tiene motivaciones políticas y electorales derivadas de la condena que él mismo dictó contra el padre de Bolsonaro.